Encuesta IEP. De la mano dura a la mano cruda; el momento populista de la campaña

La encuesta de IEP confirma nuestras previsiones de las últimas semanas sobre el hundimiento del centro y las “primarias” en la izquierda y la derecha (https://juandelapuente.com/encuesta-iep-se-hunde-el-centro/); y sobre el surgimiento de una nueva polarización sobre el cambio, los límites del relato democrático y el aplanamiento de los candidatos hacia abajo (https://juandelapuente.com/encuesta-ipsos-la-muerte-de-blanca-nieves/).
La tendencia de polarización se ha confirmado. No hay duda, el centro peruano se ha hundido, se fortalecen la izquierda y la derecha. Suben fuertemente Lescano (4,2 puntos desde enero y casi 7 desde diciembre) y López Aliaga (triplica su intención de voto en un mes y es primero en Lima) y muy relativamente Mendoza, Fujimori y Acuña, aunque este sigue rozando el grupo de otros (pero tiene 6,3% en D/E). En cambio, cae Forsyth (5,2 puntos desde enero y 6,6 desde diciembre) y Guzmán (1,5 desde enero y 6 desde diciembre, aunque resiste con 6,7% en A/B).

Las subidas y bajadas tienen claves sectoriales y territoriales. Sorprende el repunte de Lescano en la plaza del sur, supuestamente radical (20%) aparentemente contradictorio con una alta adhesión en A/B (13,7%) y en Lima (9%). Lescano sobrepasa a Mendoza que resiste en sectores y territorios con adhesiones parejas o en aumento, aunque por volumen su debilidad es Lima (5,6%) donde ha caído. En cambio, ha recuperado adhesiones en el sur (casi 5 puntos más en un mes) en A/B (subió 3 puntos) en mujeres y el Perú urbano. La subida de Fujimori (1,4 puntos) está sustentada en Lima (subió 2,6 puntos en un mes), en las grandes ciudades y el norte (una fuerte subida de casi 4 puntos), con una caída considerable en el centro (pierde 7 puntos).

Se confirman igualmente las “primarias” en la izquierda y derecha. En el primer caso, la disputa la gana por ahora Lescano (ver artículo de Carlos León Moya en Hildebrant en sus trece), en tanto que en la derecha asoma la pugna entre Fujimori y López Aliaga, que rivalizan con más opción que de Soto y Urresti, que parecen desahuciados. No obstante, la transferencia de adhesiones no parece ser la tradicional. Se mantiene el 31% de ciudadanos que de varios modos se resiste a optar, en tanto que López Aliaga y Lescano parecen cosechar adhesiones fuera de la derecha e izquierda, respectivamente. Respecto a las “primarias”, un apunte más: el desplome de Forsyth es consistente en todas las plazas, pero cae más en A/B, en Lima, mujeres y jóvenes.
Las explicaciones de las transferencias de votos de los que caen en favor de los que suben puede ser engañosa si solo se considera el efecto de las “primarias”, por dos elementos decisivos, ha caído de 22.6% a 15,6% el porcentaje de los que no querían votar por nadie, cinco puntos que puede implicar casi un millón de adhesiones que se mueven, en tanto que el FREPAP acumula adhesiones a su lista parlamentaria y Vizcarra no puede arrastrar a su plancha presidencial.

La tercera tendencia confirmada es acaso la más decisiva. Da cuenta de una polarización que ha venido a quedarse, entre el cambio y el inmovilismo. El escenario electoral peruano se parece más al actual ecuatoriano que al brasileño de 2018. La campaña electoral y el ciclo político por fin se han tocado. La batalla parece estar en las grandes ciudades.

Profundizadas las tendencias, tenemos una nueva campaña electoral, muy poco imaginada antes de los sucesos de noviembre. El nuevo escenario muestra que el elenco inestable de julio de año pasado -con varios candidatos presidenciales que no tenían partido- ha producido finalmente un momento populista de la campaña electoral, difícil de cambiar en los siguientes 40 días, aunque no imposible. La segunda ola, la crisis económica y el vacunagate crearon un escenario que empezó a formarse con los sucesos de noviembre. En política también se suma: inestabilidad + precariedad de ofertas + crisis = relato populista predominante. Fujimori, Forsyth, Urresti, Acuña y Guzmán deben estar evaluando su papel en noviembre.

El escenario actual es mitad hechura de las contracampañas, de por lo menos dos, contra Mendoza, con una millonaria inversión publicitaria en TV, y contra Guzmán, asociando su suerte al Gobierno de Sagasti. Es probable, como ha sucedido centenares de veces en el mundo, que los inspiradores de las contracampañas se vean desbordados por sus resultados. O que hayan despertado monstruos que no querían. En mi pueblo jugaba de pequeño un juego de cartas llamado “nadie sabe para quien trabaja”.
La mano dura como complemento de las contracampañas no ha funcionado hasta ahora. A la mano dura se la ha ido la mano; el electorado conservador se está decidiendo por un toque mayor, una mano cruda, ruda en el relato y la oferta, sin grandes elaboraciones de programa.

Lescano y López Aliaga no eran actores imaginados. Surgen por default, aunque no debería subestimarse sus méritos propios y la plataforma desde donde suben al escenario, el primero una especie de Gregorio Santos potenciado como punto de partida y el segundo un Guillermo Lasso ecuatoriano con menos derrotas a cuestas (no se parece mucho a Bolsonaro). Ambos entran con votos del mundo conservador, no olvidemos, pero tienen capacidad de abrirse. No es casual que ambos tengan la mayor intención de voto en los varones y en el sector A/B.

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