Encuesta Ipsos. La muerte de Blanca Nieves

A 60 días de las elecciones, los resultados de la encuesta de Ipsos Perú que publica El Comercio forman un cuadro más predictivo en una dinámica ciertamente inestable, por los eventos “externos” a lo electoral y fuera de control por parte de los actores. Sobre este cuadro comparto algunas reflexiones.

1.- En febrero de 2016, a dos meses de las elecciones de ese año, las encuestas mostraban que la diferencia entre la mayor intención de voto (Keiko Fujimori) y el resto de los candidatos era de 15 puntos en promedio. Ese escenario, que llamé “Blanca Nieves y los siete enanitos”, y que apareció ligeramente en el proceso electoral actual en los últimos meses del año 2020, se ha diluido.

El actual es un escenario aplanado hacia abajo; los candidatos caen, crecen poco y solo uno (Lescano) crece 4%. Con un margen de error de 2,8% arriba y abajo, el cuadro puede considerarse un empate entre 4 (Forsyth, Lescano, Mendoza y Fujimori) considerando que Ipsos Perú no exhibe números enteros, sin decimales (¿por qué). A 60 días de las elecciones, este techo colectivo de casi un dígito es inédito respecto a las cuatro elecciones precedentes y refleja un déficit de representación adelantado.

2.- ¿Porqué es difícil que los candidatos acumulen adhesiones? Es el volumen de los elementos críticos de la actual gran depresión. Desde octubre los candidatos que crecen son los que proponen el cambio, especialmente el cambio en clave progresista (Lescano de 3% a 10%, Mendoza de 5% a 8%). Este fenómeno forma la probable primera polarización de la campaña respecto a la salida de las crisis, entre el cambio y el inmovilismo, entre el programa de reformas económicas y sociales y la alternativa del neoliberalismo 2.0 que postula con más fuerza la derecha y que arrastra al centro.

La segunda polarización es de orden democrático, es decir las secuelas de los sucesos de noviembre; los partidos que respaldaron el golpe de Estado, especialmente APP y Podemos, reciben la desconfianza ciudadana y en su caso parece ser el ancla que les impide moverse, al margen de sus ofertas. Esta polarización no alcanza a Lescano -o por lo menos todavía no lo alcanza- debido a su actitud personal frente a la vacancia, su trayectoria contraria a la élite económica, su origen, y el papel que juegan en la campaña las decenas de gobiernos locales de AP y sus gobiernos regionales. Un sector del análisis no reconoce que la polarización democrática es importante, pero por ahora se subordina a la polarización del cambio, y no considera que Lescano crece no por AP, sino a pesar de AP, y que en política las cosas no solo son lo que son, sino lo que parecen que son.

Los límites de la cuestión democrática se expresan también en la caída de Guzmán, cuyo desempeño en los sucesos de noviembre fue notable, pero que desde entonces (8%) ha caído la mitad de su intención de voto (4%), una suerte atada contra su voluntad a la del Gobierno de Sagasti; y en el aumento de la intención de voto de López Aliaga (de 05% en enero a 3%) que impacta, precisamente, por su relato conservador.

3.- El hundimiento del centro se profundiza. Forsyth cae 9 puntos desde octubre, más del 40% de su intención de voto, y es probable que se deba a varios factores. Me atrevo a pensar que la primera razón es su falta de orientación respecto a la primera y segunda polarización, es decir su falta de compromiso con el cambio y su inestable relato democrático, patentizado en su súbita adhesión xenófoba y a la “mano dura”, algo impensable en un candidato que pretende ubicarse en el centro. Los números de Forsyth podrían también indicar el límite de un modelo de campaña sostenida en las imágenes y símbolos (deportista, joven, nuevo y directo), muy útil en otra etapa de la campaña, o la necesidad de complementar esta estrategia con otras. Blanca Nieves podría no haber muerto, y solo estar dormida.

Junto a la caída del centro se fortalece la izquierda y la derecha. Las primarias en el voto del cambio se centran por ahora entre Mendoza y Lescano. La candidata de Juntos por el Perú lidera una campaña ordenada y tiene el crecimiento sostenido desde junio (2%) más parejo en los territorios y sectores sociales, con un firme tono feminista, aunque sobre ella se localiza la campaña -contracampaña- adversa al cambio social y económico. En la derecha, debilitada por ahora la polarización tradicional fujimorismo vs antifujimorismo (2011 y 2016) la candidata de Fuerza Popular se estabiliza por encima de de Soto, Urresti, Acuña y Salaverry.

4.- La resistencia democrática persiste. Esta reporta un tercio de ciudadanos que no desea elegir o no sabe por quien hacerlo. En el contexto de la pandemia, a pesar de que el 88% dice que acudirá a votar, sigue siendo un bolsón de votos. Para impactar en esta franja ha cambiado radicalmente el sentido de las ofertas electorales y se suceden propuestas de bonos covid y pos covid, creación de puestos de trabajo, mano dura y distribución de las vacunas. En este cambio del ritmo de la campaña pueden estar las sorpresas. El corto plazo gana al mediano plazo y será crucial para el resultado del 11 de abril. No nos adelantemos con duplas para la segunda vuelta.

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