FRAGMENTACIÓN, DESAFECCIÓN Y VOLATILIDAD RELATIVA

Foto: La República

Si el Parlamento 2016 fue la imagen de Blanca Nieves y los 5 enanos (Fuerza Popular con sus 73 escaños y el resto); el elegido el 26 de enero proyecta la imagen de Los pitufos, una representación ultrafragmentada con 10 bancadas, probablemente, que suman 2/3 de votos válidos, y otros 11 que no pasan la valla electoral y reúnen el tercio restante. Nunca hubo tanta fragmentación parlamentaria de inicio, por lo que será difícil formar una mayoría política parlamentaria, y hasta una mayoría numérica.

Premios y castigo

Los ciudadanos premiaron la prudencia y hasta el silencio, y castigado la estridencia. Las elecciones completan la despolarización que se inició el 30 de setiembre con la disolución del Congreso. Entre los que superan la valla se aprecia un primer bloque de «centro» que reúne el 40% de votos válidos (AP, APP, P. Morado, Somos Perú y Frepap); en tanto la izquierda reúne un 10% (Frente Amplio y Juntos por el Perú); y la derecha 7% (Fuerza Popular). Podemos y UPP (14%) son un albur aunque son diferentes entre sí.

El P. Morado tuvo una parada en seco, casi no cayó pero tampoco subió. Siendo una lista potente, sobre todo en Lima, los resultados en votos y escaños los colocan frente al fantasma limeñista del PPC y PPK del 2016.

Hubo voto castigo, para el fujimorismo, el Apra, PPC, Solidaridad Nacional y Contigo. Los dos primeros como un efecto continuado del rechazo al Congreso disuelto, y los otros tres por su oposición al cambio y su apuesta por un discurso radical conservador. Este sector suma menos del 10% de votos válidos y son un aviso para los que se resisten a las reformas con un lenguaje bronco.

Fuera de la frase hecha «ganaron los peruanos», el primer gran ganador de las elecciones es el presidente Martín Vizcarra. Para él concluye satisfactoriamente la disolución del Congreso, con un Parlamento distinto y una resolución del Tribunal Constitucional (TC) reciente que formaliza sus actos del 30 de setiembre. No hace falta anotar que los perdedores son los partidos opuestos a la disolucion del Congreso, una correlación que como primera opción podría persistir hasta el 2021.

La insurgencia electoral

Las votaciones para el Frepap, Podemos y UPP constituyen una insurgencia anónima. En el plano de la participación, es un rechazo sin pedradas a la élite aunque con claves diferenciadas. Un solo dato puede expresar el sentido de la insurgencia, la falta de relación entre candidatos entrevistados por los medios nacionales y resultados electorales, aunque hay más datos a la vista.

El voto por el Frepap es el más complejo; a esta masa de votos “nuevos” concurren lo regional, la desconfinza, el refugio electoral del voto válido, lo confesional y algo de joda al establishment.

A las encuestadoras se les escaparon estos tres grupos, aunque solo de modo relativo. El simulacro de Ipsos Perú del sábado 25 ya detectaba su crecimiento (Frepap 6,2%, Podemos 7,1% y UPP 5,4%) y en la encuesta del 19 aparecían en la foto grande (Frepap 4,5%; Podemos 4,2%; y UPP 2,7%), cuando el principal dato de la campaña era el 43% de indecisos.

Por lo señalado, no estamos ante un fenómeno estructural sino frente a una sorpresa electoral. La primera explicación del resultado como voto, es que estos partidos se beneficiaron de la caída de la campaña “no pierdas tu voto” o “si vicias ti voto favoreces al viejo Congreso”. Así, en lo político, el orígen de estas votaciones no habría que buscarlo en el radicalismo sino en la desafección, un “anti” nuevo y más grande que no sabemos si persistirá el 2021.

La insurgencia de estos grupos no afecta las dos claves de las elecciones, la ultrafragmentación y el premio a la moderación y el silencio. Es cierto que el Frepap es conservador, pero es también silente. No ejerce la militancia radical Con mis hijos no te metas, en las cuestiones generales se ubica al centro, en tanto que su guerra no es política, por ahora.

El voto por Podemos es el menos “nuevo”; es el voto escondido por un tema escondido, la seguridad ciudadana. Auque hay más, Daniel Urresti es una locomotora, un político de formas duras, pero no radical, no por ahora, que ya obtuvo un millón de votos en las elecciones municipales del año 2018.

El de UPP en el centro y sur del país, si es un voto radical y populista, que no diría que es de izquierda, menos de su líder moral ahora, Antauro Humala, un nacional populista.

Sin volumen de votos

La abstención se ha situado en el 22% más o menos y el voto inválido cayó más de lo que pensaba, aunque el efecto volátil ha sido también relativo: no ha encumbrado a partido alguno. El conteo de votos en su fase final confirma el pitufeo electoral:

  • APP: Cajamarca 17%, La Libertad 16%, Lambayeque 11%, Ica 10%, Loreto 21, Moquegua 16%, y Tumbes 14%.
  • UPP: Arequipa 18%, Ayacucho 24%, Huancavelica 16%, Tacna 17%, y Puno 18%.
  • AP: Huánuco 21%, San Martin 26%, Pasco 22% y Callao 9%.
  • FA: Apurímac 18% y Amazonas 22%.
  • FREPAP: Lima Provincias 11% y Ucayali 25%;
  • Podemos: Lima 14%.
  • Somos Perú: Ancash 20%.
  • Fuerza Popular: Piura 15%.
  • Perú Libre: Junín 11%.
  • Avanza País: M. de Dios 19%.
  • Democracia Directa: Cusco 12%

En ese cuadro, las más altas votaciones por partido son APP en Loreto (21%), UPP en Ayacucho (24%), AP en Pasco (26%), Frente Amplio en Amazonas (22%), Somos Perú en Ancash y FREPAP en Ucayali (25%).

Finalmente, no creo que haya espacio para mucha alegría. El nuevo Congreso será mejor que el anterior, Vizcarra seguirá bajando, la reforma se complejiza y el Congreso tendrá problemas para organizarse. El 2021 será alimentado por estos pequeños problemas y/o fracasos.

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