CORONAVIRUS Y DELIBERACIÓN PÚBLICA

Requerimos con urgencia una deliberación pública madura sobre los asuntos alrededor del contagio del coronavirus. Esta deliberación no debería incomodar a nadie, salvo que sea usada con el propósito mezquino de debilitar al oponente político, lo que se nota rápidamente. La mala leche es inocultable.

1.- Preguntas. Un examen de lo que sucede tiene preguntas inevitables que pueden ayudar a situar el problema y corregir errores. Algunas de esas preguntas son: ¿Hemos reaccionado como país a tiempo o se han producido huecos en la vigilancia, de modo que los casos importados son numerosos y son ahora difíciles de detectar? ¿Estamos retrasados en el control, es decir, deberíamos tener más procedimientos de descarte? ¿Tenemos suficientes recursos humanos y materiales para las actividades de vigilancia, diagnóstico y tratamiento? ¿O es un poco tarde para comprar medicinas e insumos en un mercado internacional presionado por una inédita demanda?

2.- Rectoría. Aun sin respuestas, las interrogantes nos llevan a datos duros, como la desarticulación de nuestro sistema de salud y el quiebre de la rectoría en ese sector, ejemplificado por la resistencia de otros sectores a hacer su parte con rapidez, como habilitar recursos financieros o suspender las labores escolares. Al paso de los días se había fortalecido la idea de dejar todo en manos del Ministerio de Salud (MINSA) porque una parte de la elite de nuestro país sigue pensando que este problema es de salud pública. En ese punto, es necesario estimar si la creación de una Comisión Multisectorial de Alto Nivel mejorará la rectoría.

3.- Liderazgo. El núcleo de la respuesta nacional pasa por el liderazgo público, en todo nivel y lugar. En el ámbito nacional esta necesidad está asociada a la vocería y al diálogo oportuno del Estado con la sociedad. Sobre ambos asuntos, liderazgo y vocería, se aprecia que la ruta es cuesta arriba y que adolecemos de mensajes claros y firmes más allá de las recomendaciones básicas que, al paso de los días, se muestran insuficientes. El discurso oficial ahora mismo omite o subestima el autoaislamiento precoz y el distanciamiento social, y son los medios y especialistas los que primero han apuntado que la suspensión de las clases escolares no es una prolongación de las vacaciones. En ese punto, quizás convendría no dejar para mañana la participación de las FFAA en determinadas tareas para la que están preparadas.

4.- Los vulnerables. Hemos pasado la etapa de “aquí no pasa nada” o “es un sicosocial de Vizcarra”, pero queda el insistente mensaje de que el coronavirus afecta gravemente “solo” a las personas de edad avanzada y con enfermedades preexistentes, una especie de “uff, qué alivio”, como si nuestro país no tuviese un alto porcentaje de personas en esa condición, un arrebato de sinceridad maltusiana sobre a quienes salvar o dejar morir. Habría que recordar que, de acuerdo al censo del año 2017, el 10% de la población es adulta mayor, que más de 700 mil peruanos adultos mayores viven solos, y los que viven con sus familiares, ahora mismo serán los encargados de cuidar a los nietos mientras los padres trabajan fuera de casa.

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