De cómo Camila importa poco – La Mitad más uno

1.- Camila, una niña pobre, de solo 4 años, es secuestrada, violada y asesinada. De inmediato, una parte del país estalla contra la madre, a la que culpa por haberla dejado dormida una noche para ir a una fiesta, bajo el cuidado de una hermana de solo 9 años. La narrativa misógina y machista se ceba en ella y elude por varias horas el hecho de que el horrendo crimen tiene un responsable directo y que la madre, en un momento adolescente embarazada con menos de 15 años, es una víctima múltiple de la pobreza, el desarraigo familiar, la separación de pareja y ahora de la muerte violenta de su hija.

2.- La madre del violador y asesino, un adolescente de 15 años, lo identifica ante la policía. La ira se vuelve contra este y se pide para él un castigo para “adultos”, como la pena de muerte, la cadena perpetua y la castración. No se repara en que, además de ser el asesino, él es también una víctima en el contexto de un hogar violento y destruido. Se le piden cuentas a la madre de este (no al padre, extrañamente) y se pone sobre la mesa otra narrativa odiosa, esta vez contra los adolescentes, una suerte de efebifobia social.

3.- La defensa de la madre desde el enfoque de género es consistente. Se cuestiona que se les pida a las madres, solo por ser mujeres, una vida heroica, pero no se demanda lo mismo de los padres. En este caso, se critica que en los medios y las redes no se pregunte por él, que vive y trabaja fuera del país ilegalmente, o se le disculpe por no haber estado allí. Voces minoritarias pero audibles ponen énfasis en que a diferencia de la madre que califican de inocente, el asesino es un varón y se elude que siendo eso cierto, es muy probable que ese varón provenga de un hogar que reproduce los patrones machistas que no nacieron con él.

4.- El caso se mueve entre la indignación irreductible contra la madre y contra el adolescente infractor varón, una danza odiosa que parece olvidar por un momento a Camila. Se olvida o se desconoce que, al judicializarse el caso, quedará muy clara la responsabilidad del autor que, a diferencia del pasado, será juzgado con el Código de Responsabilidad Penal de Adolescentes expedido el año 2017, para adolescentes entre 14 años y menos de 18 años, cumpliendo con las observaciones del Comité Internacional de los Derechos del Niño. En ese mismo contexto, es imposible que el fiscal del caso no investigue a la madre para determinar si hubo de parte de ella culpa inconsciente por negligente abandono peligroso, de acuerdo a lo señalado en el Código Penal. El lanzado de culpas olvida que existe una larga jurisprudencia y casuística por las muertes trágicas de niños y que existen distintos grados de responsabilidad.

5.- Finalmente, preocupa que, en medio de la indignación sin orientación, que no produce cambios, se recurra en este caso a la defensa partida de libertades y derechos al punto de separar forzadamente la defensa de la mujer de la defensa de los niños y adolescentes, algo que siempre, sí siempre, ha formado un todo indisoluble en la doctrina del derecho internacional de los derechos humanos. De pronto descubrimos que no existe un liberalismo de todos los derechos y que el principio del Interés Superior del Niño y de Adolescente importa poco o menos

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