Lava Jato después de PPK

La República
La mitadmasuno
15 de diciembre de 2017
Juan De la Puente
El país ha atravesado otras crisis de las que ha
sobrevivido. Para un análisis objetivo de la actual, conviene la objetividad,
no parecernos a la mayoría de políticos que sobreactúan, y procurar una reflexión
desagregada de los elementos que componen este momento. Aquí algunas
reflexiones:
La
crisis.
Esta no es una crisis de gobierno,
exclusivamente, ni una crisis terminal del régimen político (todavía). La
crisis afecta a dos poderes del Estado –a uno más que a otro– cuyos líderes
formales y reales cargan acusaciones de corrupción, y a la elite política
derrotada previamente en las elecciones pasadas. Para que la crisis se haga
terminal, sería necesaria una grave dificultad de funcionamiento del Estado,
una presencia ciudadana activa que muestre una ruta alternativa, y un bloqueo
institucional visible a primera vista. El país no ha tocado fondo.
Las
otras crisis.
Lo que sucede
con el presidente de la República es lo más grave, delicado y urgente a
resolver, pero no es el único registro de la realidad. El sistema es impactado
por otras constantes de modo que “resuelto” el caso Kuczynski, quedan procesos
cuya evolución no pueden ser controlados por las fuerzas políticas y poderes:
actuales investigaciones de corrupción, delaciones en camino, y nuevas
investigaciones y revelaciones, ahora que Odebrecht se ha convertido en el
primer poder del Estado. Esta segunda explosión del Lava Jato (la primera fue
hace un año) augura otras cuyo volumen es inestimable, de modo que las opciones
para encarar el “caso PPK” son provisionales, limitadas y parciales. Es
probable que los hechos sucedan en dos tiempos.
Los
escenarios.
Las revelaciones
de Odebrecht cambian radicalmente las tendencias que presentaban las crisis. En
el momento previo se apreciaban cuatro escenarios: 1) Una escalada simétrica
entre el fujimorismo y el gobierno que elevaba las tensiones y cuyo punto de relación
es Odebrecht, y que el sistema estaba tolerando; 2) la posibilidad de un pacto
entre el Gobierno y el Congreso que rebajara tensiones, que PPK insinuó cuando
a inicios de semana se refirió a un nuevo diálogo; 3) una sucesión
constitucional en la presidencia, sea por vacancia o por renuncia, y que deje
el Gobierno en manos del primer vicepresidente; y 4) una sucesión
constitucional completa que lleve al presidente del Congreso a dirigir un
Gobierno de Transición con elecciones adelantadas para los dos poderes.
En este esquema, el escenario Nº 1 estaba en
plena vigencia con posibilidades de pendular con el escenario Nº 2 (el juego
tensión/cooperación). Las revelaciones sobre los pagos a PPK altera este cuadro
y hacen viable el escenario Nº 3 (renuncia o vacancia) e impulsa por ahora
levemente las posibilidades del escenario Nº 4 (elecciones adelantadas).
Colabora con este cuadro el hecho de que la opinión pública ha procesado ya una
vacancia simbólica de los poderes, según las encuestas.
Los
poderes.
Partidos y otros sectores sociales
se han empezado a ubicar en torno a los escenarios Nº 3 (vacancia o renuncia de
PPK) y 4º (elecciones adelantadas, los grupos extraparlamentarios). Se entiende
que el grueso del sistema se oponga a las elecciones adelantadas especialmente
porque no están dispuestos a correr los riesgos en un nuevo ordenamiento de
fuerzas. En esa dirección, se asoma un pacto tácito para encumbrar al
vicepresidente Martín Vizcarra, pero nadie parece dispuesto a ir más allá y
sostenerlo formalmente. Esto obligaría al nuevo mandatario a profundizar el
carácter casi parlamentario del Ejecutivo.

Lo positivo en medio del pesimismo es que
cualquiera de los escenarios anotados se ubican dentro el marco del régimen
democrático, de manera que si la crisis no se alarga demasiado no se producirán
salidas rupturistas o violentas, salvo revelaciones explosivas. La escasa
movilización ciudadana en los meses previos indica cierta comodidad de los
actores para sortear –otra vez, por ahora– el que “se vayan todos”. Esta
tendencia abriga, no obstante, una clave oscura y negativa: la fortaleza de un
sistema que se resiste a los cambios de fondo.