En memoria de Luis Arias Graziani – La mitad más uno

“Honrado hasta la médula, Arias Graziani vivió con decoro y modestia todos los días de su vida”

Acaba de fallecer el teniente general (r) de la FAP Luis Arias Graziani, poniendo fin a una dedicada y dilatada vida al servicio del país, un peruano ejemplar protagonista de singulares pedazos de la historia del Perú en las últimas décadas, en las que actuó con solvencia, arrojo y entrega personal.

Arias Graziani (Yungay, Áncash 1926) fue un aviador que, joven coronel, a la edad de 43 años, se integró al Comité de Asesoramiento del Presente de la República (COAP) que operaba como el motor estratégico del gobierno militar. Como siempre puntualizaba, él no fue partícipe del golpe del 3 de abril de 1968; fue designado al COAP por su comando y aceptado fácilmente por Velasco, que apreció con rapidez sus competencias y temple, bautizándolo como “Nasser” por su parecido con el líder egipcio.

Transitó desde el institucionalismo de la FAP los regímenes de Velasco y Morales Bermúdez. Poco se sabe de su papel central en el proceso de fortalecimiento de las FFAA en los años setenta. Como ministro de Comercio protagonizó una espectacular operación de compra de armamento militar a la entonces Unión Soviética que incluyó un secretísimo y agitado viaje por varias capitales europeas para despistar a las agencias de inteligencia y una cita con la cúpula soviética. La única vez que el Perú tuvo una clara ventaja militar en el Pacífico Sur en todos los campos se debió a esta operación que, además, fue limpia de sobornos y comisiones.

Arias Graziani, ya como presidente del Comando Conjunto de las FFAA, tuvo una destacada función en el retorno de los militares a sus cuarteles. Fue animador del Plan Túpac Amaru y coordinador entre el Poder Ejecutivo y la Asamblea Constituyente de 1978, etapa en la que desplegó su fino talento para allanar caminos y limar asperezas, lo que generó un genuino reconocimiento de Haya de la Torre y una larga amistad con Luis Bedoya Reyes, Armando Villanueva, Ramiro Prialé y Jorge del Prado.

Su aporte no se detuvo; fue un mediador diligente de la toma de posesión de Fernando Belaunde que, como se sabe, mantuvo en sus cargos a los coroneles del 3 de octubre, incluyendo a Rafael Hoyos Rubio. En la guerra del Cóndor con Ecuador (o guerra del Falso Paquisha) a inicios de 1981 dirigió personalmente las operaciones de la FAP que en coordinación con las otras armas lograron reponer la soberanía nacional.

Sus servicios al país se extendieron hasta la década pasada; fue jefe del gabinete de consejeros del presidente Toledo, una etapa en la que me tocó apreciar su enorme carisma y calidad humana. En este período fue un sagaz estratega de la adecuación de las FFAA al ciclo democrático −lo llamaba “reenganche”− iniciado por el gobierno de transición, junto con los ministros Aurelio Loret de Mola y Roberto Chiabra, en tanto su intervención fue crucial para encarar desde una actitud democrática los conflictos sociales. En esa etapa fue miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) cuyo Informe Final suscribió con reservas.

Honrado hasta la médula, Arias Graziani vivió con decoro y modestia todos los días de su vida. Trabajó hasta los 80 años porque los militares íntegros y virtuoso como él no se enriquecen a costa del erario público. Sé que escribía sus memorias con detalle y espero leerlas porque en ellas están gran parte de nuestra rica y palpitante historia reciente. Se ha ido un grande.

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