Nuevo gabinete y escenarios 2020-2022

“Ya no hay espacio para el ejercicio del liderazgo sin instituciones”.

El rechazo del Congreso al gabinete Cateriano confirma la naturaleza de la gran depresión. Las crisis “grandes” tienen vida propia, se acercan, colisionan y superponen. Esta dinámica marca la formación de los escenarios 2020-2022 que depende de tres procesos en curso: 1) la reactivación de la economía; 2) el control de la pandemia; y 3) la cooperación/tensión política e institucional. Dos preguntas que plantean estos procesos son decisivas: cuál será la velocidad de la reactivación, y si el 2021 serán elegidos poderes cohesionados.

Hemos regresado al “momento de nadie”, sin hoja de ruta. Del gabinete Martos se espera que concrete un programa creíble. Mientras más demore la reelaboración de la agenda continuarán incubándose desenlaces imprevistos. La resistencia a innovar el esquema de reactivación nos recuerda la centralidad, la economía y el riesgo que implica subestimar las expectativas sociales. La economía se ha independizado de la pandemia, pero progresa la sensación de que la reactivación favorece a los de siempre.

La reactivación por sí misma, como discurso político, es insuficiente, aunque la elección de abril se hará mirando también las cifras de la economía de este año. Por otro lado, un lento control de la pandemia agravará la gran depresión, acentuará la pérdida de vidas y generará mayor desconfianza. A pesar de ello, es alta la probabilidad de que las elecciones se realicen cuando la pandemia se encuentre bajo control sin ser superada como incidencia en la salud pública. Sobre la cooperación política se tienen dos momentos: renovar la promesa de una unidad nacional mínima y diseñar un pacto aún básico que modele el proceso electoral. Ya no hay espacio para el ejercicio del liderazgo sin instituciones.

Los escenarios son: 1) reactivación en marcha, la pandemia bajo control y una amplia cooperación política; 2) reactivación en marcha, pandemia bajo control y baja cooperación; 3) reactivación mínima, pandemia bajo control y ausencia de cooperación; y 4) reactivación relativa, pandemia bajo control y ausencia de cooperación.

El escenario 1 es difícil de alcanzar especialmente si no se garantizan reglas claras del proceso electoral, competencia abierta bajo el marco de algunos grandes consensos sobre las crisis. Es más probable que se consolide el escenario 2; en esa eventualidad, los progresos de la reactivación serán menores, en un curso más largo por la incidencia de las tensiones políticas y conflictos sociales, lo que generaría mayor incertidumbre y menor capacidad del Gobierno para gestionar los bienes públicos y atender las demandas. Es obvio que, en ese escenario, la constante sería de un nuevo gobierno precario con escaso apoyo parlamentario y respaldo social en declive en los primeros tramos de su mandato. Este resultado se repetiría con mayor intensidad en el caso de que se formase el escenario 4, igualmente probable en razón de los antecedentes del período 2014-2018, en la etapa final del Gobierno de Humala y el Gobierno de Kuczynski. En este escenario, la reactivación sería relativa, con mayores costos sociales por la persistencia de la pobreza, el desempleo y la privación de derechos para un número importante de peruanos, aunque la pandemia sea puesta bajo control, en una etapa de baja cooperación. El escenario 3 sería desastroso y no merece mayor comentario por ahora.

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