Parao y sin polo – La mitad más uno

La poscuarentena profundiza la crítica innoble a los ciudadanos que salen a trabajar en mayor número que las semanas precedentes, es decir, a darle contenido diario a la reactivación de la economía. Lo que debería ser el reconocimiento a una sociedad resiliente que se enfrenta a la pandemia y a la crisis con lo que le queda −su vida misma− es un solo de palabras e imágenes que resume que no nos entendemos, ni ahora en la tragedia.

La crítica a la informalidad en su versión obtusa está al tope. La informalidad como comportamiento y no como fenómeno excluyente es una coartada de la rendición de cuentas sobre la pandemia y alcanza a la mayoría de medios que se quedan en el reportaje de las colas y los buses atestados de gente, o una explicación seudoformal de quienes tampoco se reconocen como parte del entramado ilegal gracias al cual producen, compran, venden, es decir, viven.

La reciente encuesta del IEP publicada por La República exhibe un país “parao y sin polo”, racional, resignado, responsable y, sobre todo, tolerante, y mucho menos populista o informal de lo que se le acusa. Millones han pasado a la primera línea de la pandemia. ¿Los partidarios del relato bélico querían un ejército? Es ese, en movimiento creciente por el pan y el salario. Están ahí a pesar de que el 72% experimenta ansiedad y angustia, de que más del 80% tiene miedo de contagiar a otros y que su familia se contagie, de que el 70% tiene temor de contagiarse en su trabajo o transporte, en un país divido casi a mitades entre quienes le temen más al virus o al hambre.

La tolerancia reporta una creciente indiferencia que debe ser leída contrastando percepciones que dialogan y se cruzan. La aprobación de las autoridades y poderes está a la baja (en lo político), pero la evaluacióngeneral arroja predominantes opiniones sobre lo “regular” y “positivo” de las medidas adoptadas, una tendencia a la ponderación de los límites del poder (en lo social). ¿Aprobaciones escindidas?, ¿desgaste pasivo?, ¿abismo entre la política y la sociedad? Si, y también expresión de las prioridades de las familias en este momento. Es el primer cambio de la cuarentena.

Ya no está en debate el que una parte de quienes salen de sus hogares pudieron quedarse en casa si la protección social hubiese sido más amplia, oportuna y frecuente, y si la reactivación de la economía fuese menos intuitiva. Una constante añadida, a la luz del caos del transporte de los últimos días, es la diferencia de las prioridades en la reactivación misma. La demora del subsidio al transporte público, por ejemplo, dificultará la recuperación de la economía por la vía de los contagios.

Hemos llegado a este punto gracias al poco Estado que tenemos, cierto; y sin los beneficios del reciente bienestar y sus efectos en las cuentas públicas el costo sería más alto, también es verdad. No prescindiremos del Estado, aunque el comportamiento de los ciudadanos se orienta a resolver sus problemas por cuenta propia. No sabemos el alcance de este proceso; el Estado podría reajustar sus líneas y atender con más diligencia las expectativas sociales, pero por ahora funciona la memoria y la intuición de los peruanos curtidos en las crisis.

Superaremos esta gran depresión y nos recuperaremos, a veces con el Estado, otras sin el Estado y a veces contra él. Lo ideal era enfrentar la poscuarentena con más cohesión social. No será así.

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